Autorretratos que retratan al otro, a un otro particular.
Cuando un  cuerpo desaparece y hay otro que va a ocupar ese lugar, el recuerdo a través del contacto con su ropa, con sus estampados, con su hábitat natural.
Vestirse de… y posar, acudir a la pose como medio de perpetuar ese instante, esa afección, la pose que se lee y sabe pose, ésta, en su acepción literal de actitud afectada, mostrando en el cuerpo, cual falso maniquí, llevando la ropa de otra, la ropa de la abuela, el vestido como condicionante de la postura y el movimiento.
La vestimenta condicionante de la actitud corporal. Afección que encierra dos tipos, la relacionada con la pérdida de naturalidad del cuerpo, mediante la pose, y la que genera la impresión por la pérdida.
“Autorretrato de Ilda”, problematiza el autorretrato como genero, ya que es un autorretrato que pretende retratar a otra, apropiándose de su ropa, de su espacio,  la imagen se torna ambigua cuando se habla de un tercero, el cuerpo es el de la autora, por lo que es un autorretrato, pero todo lo que cubre es de Ilda, la vestimenta como la primera casa del cuerpo, como habitáculo, como casa ambulante.
Aquí el vestido aparece como regulador de los modos de vinculación entre el cuerpo y  el entorno, la indumentaria contiene al cuerpo, hace de primer sitio en donde se habita.
Vestimenta como núcleo biográfico, primera casa, habitáculo.