Ideas para no quedar varado
  A cerca de  la serie “Ideas” de Narda Alvarado
  Por Fernando Callero

 

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    Lo primero que me vino a la cabeza, al cabo  de recorrer y disfrutar varias veces esta serie de obras tan simpáticas, son  unas “cachadas” telefónicas que hacíamos, de chicos, con mi hermano.
  –¿Señora de  López?
  –Sí, ¿quién  habla?
   –De la radio L.T.15, usted acaba de ganar un  juego que estamos haciendo con la guía. ¡Felicitaciones!
  –¡Ah! ¡Qué  alegría! ¿Y qué me gané?
  –Un  exprimidor de bananas, muy práctico.
  –¡Clic!  Tuu, tuu, tuu.
    Los premios iban variando de acuerdo con las  posibilidades infinitas que ofrecía el modo de producir el chiste: una batería de cocina de goma, un rayador de leche, o cualquier otro  utensilio desopilante que se nos ocurriera, todos orientados a amas de casa. Y  sólo para defenderme de posibles acusaciones de machismo, aclararé que no era  nuestra intención hostigar mujeres, sino que esto se daba por el hecho de que  siempre las hacíamos por la mañana y en esa época los hombres trabajaban fuera  y las mujeres dentro. De ahí que ellas siempre atendieran el teléfono.

Las ideas no se matan
    Aun tratando de apuntar una definición “a  grandes rasgos” o de acuerdo con lo que podríamos llamar “sentido común”, una  idea puede ser para nosotros muchas cosas. Por lo general, todos esos sentidos  apuntan a la naturaleza conceptual, abstracta, de la idea, a la particularidad  de su existencia independiente de una eventual realización en el mundo factual  (por eso es que una idea no puede morir, que es una cosa horrible que sí nos  pasa a todos los seres vivos). No obstante, otro rasgo particular de su  significado está ligado a su carácter prospectivo. Una idea, por más que  prescinda de su concreción para conformar sentido, orienta siempre una  significación futura (algo así como una utopía).
  Solemos  entender, entonces, por idea, un objeto intelectual, un evento fuera del orden  físico que, en razón de su misma inmaterialidad, permite a las culturas  conservar y transmitir, a través de los siglos, un saber. Este es otro aspecto  de la naturaleza de la idea que no puede faltar en una definición siquiera a  grandes rasgos: su carácter histórico, el hecho de que en un momento “x” un  concepto aparece en una comunidad en relación con sus modalidades particulares  de intercambios (tanto económicos como simbólicos), en respuesta a una  necesidad. Este valor comienza a circular en razón de los beneficios que  reporta, por lo menos, a ciertos sectores de dicha comunidad.

Otras acepciones podrían ser:
  -“Representaciones”  de aspectos de la realidad.
  -“Valores”  que en ciertos momentos de la historia han adquirido prestigio, como, en  Occidente, las ideas de “Libertad”, “Igualdad”, “Fraternidad”, de cuño  romántico ilustrado, o las cristianas de  “Piedad”, “Amor”, “Caridad”.
  -“Momento  cognitivo” crucial, experimentado por un sujeto en el continuo de las  operaciones de su conciencia que de pronto adquiere una significación  particular dado su rendimiento en la resolución de problemas. ¡Tengo una idea!

Ideas, Proyectos… imposibles
     Yendo puntualmente a la obra de referencia, la serie de Narda está  conformada por una tirada libre y abierta de bocetos-proyectos, apenas  ordenados bajo etiquetas calificativas, por parte de la propia autora, en  Buenas, Regulares y Malas. Con una estética marcadamente infantil, cómica,  ingenua, mordaz, delirante y sumamente tierna, Narda entabla un dialogo íntimo  con su trabajo estético a la manera de un diario y con la misma actitud conque  un adolescente juega, construye y hace visible su identidad garabateando los  márgenes de su cuaderno escolar. Pero a la vez, esta actitud lúdica, en  apariencia frívola y superficial, termina por revelar una profunda inquietud  que, desde lo subjetivo, personal y en razón de una responsabilidad intrínseca,  pasa a integrar el Gran Diálogo, vale decir, la polémica tribuna de una  contemporaneidad de inestables (y por lo mismo creo que proteicas)  derivaciones.
    Como último aporte se me ocurre ahora también  relevante apelar al dato biográfico de la formación de la artista en la carrera  de Arquitectura y Construcción de Bolivia. Sabemos que en esos campos la  palabra “Idea”, en el sentido de “Proyecto”, hace también referencia a un  género disciplinar específico, con exigencias formales, legales, de  presentación y validación, de acuerdo con principios rigurosamente racionales.  Contra todos esos parámetros, las ideas de Narda se presentan como bocetos  infantiles, como chistes que parodian el concepto mismo del género, y esto,  vale aclarar, desde un posicionamiento estético conceptual.
    Podríamos emparentar su experiencia con las  de las vanguardias europeas de principios del siglo XX, como el dadaísmo, la  experiencia de Duchamp, el futurismo, etc., pero casi nada aportaríamos a la  versión de la parodia del “concepto” tal como la desarrolla esta artista novel  desde su posición exaltadamente latinoamericana, cita que, al igual que la  autorreferencialidad biográfica, aparece con insistencia en sus obras. Y en  cuanto a las etiquetas valorativas bajo las cuales aparecen clasificadas y distribuidas  las obras que integran la serie, lo interesante de ellas es que más que  clausurar un juicio terminan por reclamar del espectador una respuesta activa,  una vez que, como en la anécdota de las cachadas telefónicas del principio, el  interlocutor haya captado el procedimiento. Un buen margen desde dónde pensar  el arte aceptando el riesgo saludable y deconstructivo del humor.